Submarino Seco
El Blanco Seco tras meses a 18 m bajo el Atlántico.
Nuestros blancos nacen en las medianías de Los Realejos, de cepas centenarias en cordón trenzado. Parte de cada añada, ya embotellada, cruza la isla de norte a sur y baja al Atlántico.
Allí pasa tres meses en la Bodega Submarina de Canarias, en el Porís de Abona (Arico): una instalación diseñada y construida para envejecer y controlar el vino a 18 metros de profundidad, con unas condiciones de luz, humedad, presión y gravedad que no existen en tierra.
De excelencia singular
es el sabor de este vino
que en la tierra fue nacido
y, madurado en el mar.
Desde 2015, en el sur de Tenerife descansa una estructura modular de hormigón y acero, cerrada con puerta y llave, donde las botellas reposan en jaulas. Fue la primera instalación submarina permanente de Canarias y en ella crían sus vinos varias bodegas de las islas.
A 18 metros apenas llega la luz, uno de los grandes enemigos del vino embotellado. En la penumbra del fondo, el vino guarda mejor sus aromas.
El agua cambia de temperatura muy despacio y muy poco: sin los saltos de tierra, el vino madura sin sobresaltos.
A esa profundidad la presión es casi tres veces la de la superficie, y empuja por igual desde fuera sobre el tapón y el cristal.
Corrientes y mareas mecen las jaulas sin descanso: una vibración suave y continua que la botella nunca conocería en un botellero.
Cada vino responde a su manera. En la cata, la versión marina suele mostrarse más fresca y salina, con una boca más sedosa; por eso la probamos siempre junto a su gemela de tierra.
Tres meses después, cada botella sale del agua cubierta de arena, sedimento y la vida marina que se le ha ido pegando. Esa capa es la prueba del viaje y hace que no haya dos iguales.
Además de su etiqueta, cada botella lleva colgada del cuello una ficha preparada para el agua, con el nombre del vino que guarda.
Cada vino marino tiene una hermana que se quedó en la bodega: mismo viñedo, misma vendimia, misma elaboración. Solo cambia dónde pasaron los últimos meses. Abiertas juntas son la mejor forma de entender qué hace el mar: dos vinos distintos en matices, aromas y complejidad.
Ediciones limitadas: cada añada marina depende de las plazas en las jaulas y del estado del mar.
Submarino Seco
El Blanco Seco tras meses a 18 m bajo el Atlántico.
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La fruta del Afrutado envuelta en salinidad atlántica.
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Barrica y mar: la crianza más singular de la gama.
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